EL “BOBO” DE FRANCO SEGÚN EL NUEVO GENIO UBETENSE DE LAS LETRAS
El reciente estrellato literario del ubetense D.
U., galardonado con el Premio Nadal, ha sorprendido a propios y extraños. En mi
pueblo, hasta hace unos meses, apenas se había oído hablar de él. No soy lector
de novela: ya leí bastantes cuentos de niño como para leer cuentos para
adultos; prefiero el ensayo, la filosofía o la divulgación científica. Aun así,
reconozco el valor artístico de este género y no cuestiono el talento del
autor. Por tanto, no tengo criterio para juzgar su obra. Como se dice en el argot
atlético, un burro, por mucho que se dope, no llegará a ser un pura sangre de
carreras.
Pues bien, a pesar de que desconfío de los premios, más aún en el panorama
político actual; véase el reciente Premio Planeta del indeseable L. del V., el
ubetense parece ser bueno en lo suyo. En todo caso, habría que preguntarse si
existen otros aspectos, al margen de sus atributos artísticos, que añaden valor
a su obra, sobre todo en el actual escenario de ciénaga política y de propaganda.
La crítica de este escrito se refiere al comentario que hace D. U. en una
entrevista al diario El Español
(https://www.elespanol.com/mujer/protagonistas/20260112/david-ucles-curioso-alguien-inepto-franco-traumatizado-inculto-bobo-pudo-dominarnos-anos/1003744082162_0.html),
donde señala literalmente, según el periódico:
"Lo curioso es cómo alguien tan inepto como
Franco, tan traumatizado, tan inculto y tan bobo, pudo dominarnos 40
años."
Una hazaña digna de estudio: un bobo que gobierna a millones de bobos.
Milagro histórico.
Pero aquí el autor comete varios errores mayúsculos.
En primer lugar, al emplear el infinitivo pronominal “dominarnos”, el
literato se equivoca en el uso de la primera persona plural, lo cual resulta,
como mínimo, impreciso y lo desmerece como erudito de las letras, ya que había
pasado medio siglo desde la muerte de Franco cuando él nació, por lo que nunca
pudo ser dominado. O bien habría que pensar si es posible que esté aquejado de
un trastorno de despersonalización/desrealización al sentir que vivió en la
dictadura. Pareciera que la opresión franquista le llegó por ósmosis
transhistórica.
Pero quizá los dos errores más graves son los siguientes:
1. Al calificar al dictador
Francisco Franco de inepto, traumatizado, inculto y bobo, lo humaniza y le
aplica un carácter lastimoso y comprensivo. A los tontos, inocentes y
traumatizados, en el fondo, hay que tenerles pena y comprensión por sus actos.
Casi dan ganas de abrazarlo. Y no, D. U., el dictador no fue un personaje torpe
o ingenuo, sino un responsable consciente de una represión sistemática, cuyo
calificativo más adecuado es el de malvado.
2. Calificar por
generalización al resto de los españoles que sufrieron la dictadura como
pertenecientes a una categoría inferior a la de “bobo”, llámese oligofrénicos,
estúpidos, imbéciles, cobardes o pusilánimes, categoría que en puridad podría
aplicarse al propio autor, ya que según él también fue dominado por Franco, es
un gesto despreciable hacia la resistencia antifranquista, protagonizada
fundamentalmente por comunistas y anarquistas, de los que prácticamente no
quedan supervivientes, y, por extensión, hacia el sufrido pueblo español. La
resistencia antifranquista merece respeto, no caricaturas.
Por último, resulta llamativo el fervor localista (“ubetensista”) que rodea
el éxito del escritor. En Úbeda, como en tantas ciudades, algunos se apropian
simbólicamente del triunfo ajeno, como si el mérito individual fuera un logro
colectivo. El éxito ajeno, al parecer, cotiza mejor que el esfuerzo propio. Sin
embargo, la calidad artística de un autor no mejora los servicios públicos, el
urbanismo ni la vida cotidiana de una ciudad. Es un comportamiento gregario muy
habitual: adherirse a los méritos de otros o vincularse a colectivos exitosos
(equipos de fútbol, por ejemplo).
Ya conocemos casos de otros famosos ubetenses idolatrados hasta lo
inconcebible, a pesar de que se fueron de Úbeda y nunca la volvieron a habitar;
cambiaron canciones que podrían hacer referencia a la ciudad o relataron
cuestiones que, como mínimo, no dejan en buen lugar su ciudad natal.
Recuerden las palabras de A. M. M.: "No hay a dónde volver. Mal que bien,
tienes que habitar el único tiempo que existe, que es éste", y "Al
mundo que yo conocí y que retrato ahí no creo que nadie en su sano juicio
quiera volver ni cinco minutos; cualquier tiempo pasado fue peor".
Y es que, mal les pese a los bobos, a estos artistas hay que valorarlos
solo por su arte. El valor añadido de moralidad o de prestigio para la ciudad representan un prejuicio o una ilusión propia de ingenuos. Habría que
preguntarse, con datos objetivos:
¿Gracias a Joaquín o a Antonio, Úbeda tiene mejores servicios, parques,
urbanismo, limpieza o habitabilidad?
Yo pienso que, a lo sumo, podrían ser incluso gravosos para la ciudad:
véase el mamotreto horrible de 360.000 euros que despilfarró el Ayuntamiento de
Úbeda en homenaje al autor de El jinete polaco.
Moraleja: valoremos a los
artistas por su arte. Y dejemos de convertirlos en santos patronos del orgullo
municipal. La literatura no arregla las aceras. Sean satisfechos de sus propias
acciones, de su esfuerzo, de ser mejores personas, de ayudar a los demás; no de
los éxitos ajenos, que no les pertenecen, por muy de Úbeda que sean.
Pedro Ángel Latorre Román
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