HAY MÁS SINCERIDAD EN EL MOVIMIENTO DE LA COLA DE MI PERRO QUE EN MIL MANIFESTACIONES DE AFECTO HUMANO Un alegato schopenhaueriano en defensa de la soledad, la autenticidad y la libertad individual frente a la hipocresía, el egoísmo y las relaciones humanas interesadas
Hay una forma especialmente reveladora de conocer a las personas: decirles que no. Puedes ayudarlas cien veces, resolverles problemas, estar disponible cuando te necesitan, escuchar, ceder, acompañar, prestar tu tiempo, energía y afecto. Todo eso se incorpora pronto a la normalidad, como si nunca hubiera sido un regalo. Pero basta una sola negativa, diles una vez que no para que el relato cambie. De pronto ya no eres generoso, sino egoísta; ya no eres leal, sino decepcionante; ya no cuenta lo que hiciste, sino aquello que una vez te negaste a hacer. Entonces uno comprende que muchas relaciones no estaban sostenidas por el afecto, sino por la costumbre de recibir. La decepción que no llega de golpe, se acumula. Esa experiencia, repetida con distintos rostros y en distintas etapas de la vida, obliga a revisar la idea que uno tenía de la amistad, de la gratitud y de las relaciones humanas. No necesariamente para caer en el resentimiento, y mucho menos en el nihilismo, sino para co...